Creo que no existe nada más hermoso que entablar una conexión íntima con el sonido de un banda nueva que nos devuelva la fe en la existencia del placer que es capaz de otorgarnos la música. Agreguemos a esta premisa que nuestro “descubrimiento” es del todo ignorado por la industria musical o mejor aún: desconocido para el gran público. Hay bandas y canciones que queremos solamente para nosotros. Hace algunos años, ingenuo, pensé que “The xx” sería mi botín personal. Lejos quedan los días en que recomendé “Crystalised” a una selecta cofradía de contactos que escucharon sin mucho interés el álbum debut de la banda inglesa liderada por Jamie xx.

Recomendar grupos es, pues, una labor muy difícil. A nadie gusta que le digan qué escuchar. No estamos abiertos a alabar lo que no hemos buscado por cuenta propia. Sin embargo, esporádicamente, la casualidad, el destino, (el marketing) decide probarnos que la capacidad de que un nuevo lanzamiento musical nos cautive no se acaba y que allá afuera, yaciendo entre los escombros de un blog dejado de la mano de Dios, proyectos musicales se debaten por encontrar un sonido propio, o cuando menos interesante, sustraídos de las plataformas de lanzamiento mainstream a la que todo artista habrá de vender su obra si quiere seguir viviendo de su arte. Un hecho del que nadie se libra tres discos después, creo yo.

La alineación que  me ocupa hoy se abre paso con cierta discreción en espacios dedicados exclusivamente a la música, y para los años que este grupo originado en El Paso, Texas lleva componiendo, los sitios de música o cultura que les han regalado unas palabras de reconocimiento son contados. No obstante, disfrutables melodías como “Nothing´s gonna hurt you baby” o “I’m a firefighter” ya se han afianzado en YouTube, donde las cajas de comentarios desbordan entusiasmo; así como un par de listas de Spotify donde los dos tres  trabajos de la agrupación se encuentran actualmente disponibles: los EPs “I.” del 2012, “Affection” (2015) y K. (de hace un par de semanas) lanzados en formato digital y en un precio de venta dejado a consideración del comprador.

“Cigarettes after sex”, como su nombre indica, evoca a través de poco menos que un decena de canciones ecos evanescentes del dreampop y retazos de neo-psicodelia en busca de una atmósfera discreta, sin perturbar el compás, acompañada por batería y bajo, dulcemente pincelada por la voz de Greg Gonzáles –líder y guitarrista-,  algo más que un murmullo sugerente, menguante, que a algunos recordará el trabajo vocal de grupos como Cowboy Junkies (responsables del cover más famoso de “Sweet Jane” de Velvet Underground) o Mazzy Star (cuya vocalista Hope Sandoval, colaboró en “Paradise Circus” de Massive Attack). Sí, todo muy noventas: intenso, soñador, cursi.

Partiendo de influencias como Cocteau Twins y Julee Cruise, quien por cierto contribuyó por allá del 90 con el dúo Angelo Badalamenti-David Lynch, y por tanto, también influencias indirectas de los texanos, Cigarettes after sex se las apañó para grabar las cuatro pistas de “I.” en el transcurso de una noche en su ciudad natal; tres años después, se trasladarían a Brooklyn, New York, donde grabarían un par de pistas, “Affection” y “Keep on loving you” (cover de REO Speedwagon), en las cuales se retomaba la temática de “I.”, pero con una labor de producción mucho más ecuánime y acendrada.




A lo largo de su corta existencia, la alineación de la banda ha mudado entre producciones, y esto sólo puede significar que el proyecto aún alberga dudas sobre su futuro, quizás cuestiones creativas, que le inhiben de poner manos a la obra con un record de larga duración. No obstante, la presencia en redes sociales ha alcanzado un nuevo cenit gracias a la interminable labor de Greg Gonzáles y compañía, quienes se han embarcado en giras por Europa, complementando carteles de festivales, y por Estados Unidos como teloneros oficiales de Garbage, un afortunado ensamble de bandas que se remonta a la recomendación que hicieron por Facebook a Shirley Manson de escuchar los EPs de Cigarettes.

Mientras  Cigarettes After Sex se anima, por fin, a sacar un largo, queda la invitación a escuchar esta propuesta y devolver el reloj veinte años atrás a cuando la música podía permitirse sonar así de empalagosa y romántica.

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