Todos sabemos cómo es el punk. O al menos creemos saber cómo es. Guitarrazos, golpes, insultos, anarquía y drogas. Lo hemos visto en bandas como los Sex Pistols o los Dead Kennedys. Esta contracultura de enaltecer lo grotesco llegó a tener un exponente que simplemente traía tatuado en su corazón el estilo de vida punk…

Todos pensamos que el género había llegado a su límite en el ’78 cuando alguien le había dado un golpe a la nariz de Sid Vicious y comenzó a sangrar por todo el escenario. Pero aún estábamos por conocer a GG Allin, el estandarte del punk.

Allin llevó toda la actitud punk a un extremo que ni siquiera sabíamos que era humanamente posible. Con shows donde no solo incitaba a que lo golpearan, sino que insultaba y golpeaba a todos. Se desnudaba para después defecar y lanzar sus excrementos al público. Se drogaba en medio de su show mientras la gente mantenía relaciones sexuales para que luego él se les uniera.




Sudor, alcohol, sangre y orines eran solo un poco de las substancias que volaban por los aires en todo show donde cantara GG Allin, actitud que lo llevó a comparecer a la televisión estadounidense. Fue invitado en los talk shows para hablar sobre la influencia que podría tener sobre la juventud estadounidense, a lo que solía responder:

“Nadie me detendrá,  porque soy El Mesías. Tú vas a mi show, vas a una guerra. Y es violencia, caos y desorden por todos lados. No me importa nada, ni nadie, excepto yo mismo y mi misión y tus niños afuera. Si tienen niños afuera, ellos serán mis niños. Me voy a adueñar de esos niños. Harán todo lo que yo diga (…) Porque soy el rey, y ellos pueden identificarse conmigo porque los verdaderos hijos no conformistas de este país están enfermos y cansados de sus padres, de la escuela, de la gente que obliga a hacer lo que quieran. Yo soy la respuesta, cuando escuchen mis letras, mis canciones, estarán escuchando lo que en realidad debería ser. Y tú sabes eso, y yo sé eso. Así que no me traigas tus niños, porque serán mis niños.”

Jesus Christ, irónico y verdadero nombre de GG Allin, cobraría pronto este tipo de excesos que ni una estrella de rock podría disfrutar. A pesar de ser odiado por la prensa escrita, había cosechado una legión de culto, debido a su muy particular forma de vivir.

Pero en junio de 1993 Allin murió después de haber consumido una cantidad exorbitante de cocaína y heroína, aunado a una serie de noches de fiesta derivado del estreno del documental punk Hated. Se le había encontrado tirado en el piso de un departamento ya con un par de horas muerto. Sus amigos, pensando que estaba borracho, se habrían tomado fotos con el cadáver sin saber que el cantante había dejado este mundo.

Para GG Allin existieron dos funerales. Un funeral irlandés tradicional, y otro punk. En este segundo se pidió que no se lavara el cuerpo hinchado de Allin que aún olía a alcohol, a heces y a sudor, ni que se maquillara o embalsamara: Se le vistió con su típica chaqueta de cuero.

Todo se filmó para después ser vendido.

El funeral se convirtió en una fiesta salvaje, con la música de Allin de fondo, sus amigos posando con su cuerpo para fotografiarse. Le colocaban drogas, cigarros y alcohol en su boca, justo como él lo hubiera pedido.

Finalmente, antes de enterrarlo, le instalaron unos auriculares con una copia de uno de sus álbumes. Y también le pusieron una botella de Jim Bean en su ataúd, haciendo alusión a una de sus canciones.

Hoy en día la tumba es vandalizada por punks que la orinan, defecan, beben o se drogan ahí mismo.

Difícilmente podemos imaginarnos a alguien que retome esta idea nihilista del punk y la lleve al extremo como lo hizo GG Allin.

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