Antes de convertirse en una “experiencia” vendible, los festivales eran un foro donde el fan se destruía, desvivía y daba todo de sí para ver a su banda favorita sobre el escenario. Dicha experiencia es el motor principal de Vive Latino, un fin de semana donde los melómanos y fanáticos bailan todo el día entregando con ello su vitalidad. Pero muchas veces este fanatismo rebasa los límites de lo coherente y lo permitido.


En la edición del Vive Latino de 2014, sin duda uno de los mejores años, se presentó una Línea dedicada a estos fanáticos entregados: el escenario principal tendría una jornada demasiado movida, primero, con los argentinos de Dancing Mood y con sus paisanos Los Caligaris; el director serbio Emir Kusturica y su No Smoking Orchesta;  luego con El Gran Silencio y el esperado regreso de La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio. Todo esto sería la antesala para finalizar con Calle 13 en el escenario que jamás pensaron llegar a pisar desde su primer Vive en 2007, cuando fueron abucheados y bajados del escenario después de tirarles basura y recibir mentadas; una historia que contaré otro día.

Por cierto, la jornada cerró con Los Tigres del Norte, una banda que habla por sí misma, y que, en algún sentido, forma parte del imaginario colectivo de los mexicanos. Criticada su aparición, pero aclamada por la apertura musical y por el significado que tienen en nuestra vida diaria.




En fin, estar todo un día en un escenario, amando, bailando y, también, sufriendo por el clima, por la gente o por la chela caliente hace que nos enfoquemos todavía más en el show que pasa frente a nuestros ojos. Era inevitable, además, pues todos estábamos pasmados con lo que Calle 13 había hecho visualmente, con tantos músicos en el escenario. Así que era difícil saber cuándo algo podía sucederle a alguien.

Y así fue: de entre tanta crítica social que lanzaba en su canción “El Aguante”, se corta el micro de René (Residente) y por un momento, casi de inmediato, todos en el escenario se detienen, el público pasmado, en vilo, sin saber qué pasaba ni por qué se había interrumpido la fiesta. Sólo unos pocos fueron capaces de ver qué ocurría al frente. (El momento del golpe es el 2:46)

¿Un atentado? Las letras de Calle 13 lejos de ser profundas o coherentes, han sido últimamente directas, políticas, sociales y responsivas. Pero no era para tanto ¿o sí? Al término de la canción solo se escucha a Residente:

“Oye, vamos a meterle, perdonen mi reacción, pero yo no sé si el que se trepa aquí es para meterme un cuchillazo…”

Pese a que ahora todo tenía sentido, el público seguía sin saber exactamente si alguien se había subido al escenario u otra cosa, todo pasó tan rápido que ni en las grabaciones se da cuenta bien de lo acontecido. Fue hasta que los medios de comunicación comenzaron a linchar al músico, tergiversando la información, que nos enteramos que todo ocurrió porque un fan había burlado la seguridad para darle un abrazo a René mientras rapeaba, concentrado, con los ojos cerrados.

Al final, el la presentación de Calle 13 terminó como un gran show, políticamente emocional, haciendo justicia a Los Tigres del Norte, quienes también hicieron historia en el festival. Días después, tras muchas explicaciones, Residente se dedicó a buscar al fan para tomarse un shot de mezcal y pedirle disculpas.

Y de esta forma aprendimos que ser un fan tiene sus desventajas.

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