¿Cómo lograr que con una imagen puedas sentir un aroma, una caricia, un sabor o comprender el efecto invernadero, la pobreza, las estaciones del año, y la muerte?… A través de las imágenes nos podemos remitir a sensaciones, que a su vez nos remontan a un cálido recuerdo o una fúnebre experiencia. Por ello, resulta curioso todo aquello que, a través de los ojos, nos hace sentir: la delicia o amargura que nos puede provocar una imagen.

Las imágenes que vemos a diario se albergan en nuestra mente. Se pueden construir ideas con ellas, y hasta nociones, que nos permiten entender todo lo que nos rodea. Las imágenes también nos cuentan historias, algunas gratas y amables, pero otras nos muestran episodios trágicos de lo que puede ocurrir en la vida de cualquiera. Tal es el caso de las hermanas Lisbon en la película The Virgin Suicides, de Sofia Coppola, donde estas cinco jóvenes nos deleitan con su belleza llena de misticismo, demostrado de una manera angelical.




Sin embargo, la gran lección de estas chicas es que la verdadera belleza también puede provenir de un acto de muerte, y por trágico que resulte, también parece una respuesta alterna y desesperada ante un mundo aparentemente incomprensible. La yuxtaposición de imágenes, en este caso de vida y muerte, nos demuestran que los constructos visuales pueden llegar a puntos desconcertantes, insoportables y trágicos, pero de alguna manera sirven de explicación en lo que el individuo gasta la mayor parte de su vida: la búsqueda de sentido.

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