“No soy consciente de estar pincelando sobre cualquier cosa; de lo que estoy consciente cuando escribo una canción, es de estar conversando con alguien

—Tom Verlaine, 1981.

Sepan que 1977 fue un buen año para la música: por esta fechas el mundo conoció sublimes álbumes que aún con el paso del tiempo suenan inigualables, valgan muestras como “The Stranger” (Billy Joel), ”Low” y “Heroes” (David Bowie), “The Clash” (The Clash), “Talking Heads: 77” (Talking Heads), “Rumours” (Fleetwood Mac), “Bat Out of Hell” (Meat Loaf), My Aim is True” (Elvis Costello) o “Lust for life”, (Iggy Pop).

Y a la par de estos grandes materiales apareció una joyita que, dicho sea de paso, significó el debut de una banda de rock estadounidense que, aún con su “reducido” repertorio, logró imponerse a la escena punk y marcar época a finales de los años 70.  Me refiero al álbum “Marquee Moon”, de los Television.




Existen varias razones por las que este álbum destaca brillantemente: la liberalización que supuso con la tendencia punk, sus letras que, mediante el juego y el doble sentido, hacen referencia tanto a la vida urbana como rural, o el empleo de la poesía francesa. Pero la principal atañe a un asunto de cuerdas.

Por aquel entonces, la banda operaba sin su bajista original, Richard Gell, quien dejó el grupo para unirse a los Heartbreakers de Jonny Thunders; y aunque el bajista Fred Smith fue un remplazo más que adecuado, su más grande contribución fue presentar a Tom Verlaine con Andy Johns (Hermano de Glyn Johns), un productor que sabía lo suficiente como para no jugar con los densos sonidos de jazz y blues típicos de entonces. El desenlace fue un montaje de guitarras que resultó en un rock incomparable.

Así, alejándose de esas directrices que el blues imponía a las guitarras de los grupos de rock desde la década de los 60, Television creó una obra que en su propia forma es, sonido a sonido, tan majestuosa como la más selecta cara de Led Zeppelin.

Comenzando con la agitada “See no Evil”, Verlaine y Richard Lloyd enredan sus punzantes requintos dentro de celebraciones espirales de mugre urbana y cultura callejera. La canción homónima llevó a algunos a compararles con bandas hippies, pero no hay un solo rastro de flores coloridas en canciones como “Prove it” o “Guiding Light”.

En su lanzamiento, Marquee Moon recibió una tibia respuesta por parte del público; no obstante, fue aclamado por la crítica y actualmente es considerado como un clásico innegable de la música rock, llegando a influir notablemente en agrupaciones como Pixies, Sonic Youth y U2.

Escuchen este material, de verdad que contiene canciones para la historia; sólo les deseo que la elevación no se les suba a la cabeza. Elevation, don’t go to my head…

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