Qué rápido pasa el tiempo… Hace seis años Hora de Aventura se estrenó en Cartoon Network y demostró que La Tierra de Ooo podía ser más bizarra y radiactiva que Fondo de Bikini. Hay una década de distancia entre las aventuras de Bob Esponja y su amigo Patricio y las de Jake (el perro) y Finn (el humano). A lo largo de este lapso hemos visto relegadas a la parrilla de los clásicos –ese limbo pobremente dibujado- a joyas del surrealismo como Ed, Edd y Eddy, Las sombrías aventuras de Billy y Mandy o Invasor Zim, pero la industria del entretenimiento para chicos y jóvenes liderada por Cartoon Network y, en menor medida, Nickelodeon ha buscado la manera de estar al día con las nuevas generaciones.

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Las aventuras de Sheep en la gran ciudad podrán parecer el colmo de la extravagancia para quienes sabemos poco de los autores detrás de nuestras caricaturas favoritas, pero personas como Pendleton Ward (Hora de Aventura) y J. G. Quintel (Un Show Más) ya esnifaban pegamento hace décadas frente a sus televisores con la ilusión de reinventar todo aquello que aprendieron en la sórdida programación de los noventas. Es obvio, pero nunca está de más, acotar que sin shows como “Ren & Stimpy” o “Monstruos de Verdad” ni los creadores, ni las caricaturas en general, gozarían actualmente de tantas libertades. En consecuencia, la narrativa contemporánea es farragosa, oscura y retorcidamente intelectual: los cuentos de hadas con los que crecimos ya no son los mismos.

"Aaahh!!! Monstruos de verdad"

“Aaahh!!! Monstruos de verdad”

Cuentos de hadas tradicionales

En un contexto televiso insulso, lisérgico, en que las series son explotadas por décadas hasta la flanderización (término para designar que un programa se ha prolongado más de la cuenta hasta degradarse, véase “Los Simpson”, “South Park”, “Bob Esponja”), arriesgarse a presentar un corto en televisión es poco menos que un suicidio comercial y profesional.

Así que cuando Patrick McHale (redactor y dibujante en “Las maravillosas desventuras de Flap Jack” y “Hora de Aventura”) arribó a los Estudios Cartoon Network con la idea de realizar un corto de diez minutos sobre las aventuras de un jovencito llamado Wirt, su hermanito hiperactivo Greg y una pajarita azul llamada Beatrice en un pueblo  habitado por modestos vegetales vivientes inspirado en el arte folklórico norteamericano, los ejecutivos se mostraron desconfiados. Por suerte para nosotros, “Tome of the Unknown”, génesis de Over the Garden Wall, fue un éxito de crítica en diversos festivales de cine y animación durante 2013.

Enoch, la calabaza gigante, y el pueblo de Pottsfield danzan ante Wirt

Enoch, la calabaza gigante, y el pueblo de Pottsfield danzan ante Wirt

“Gran calavera eléctrica” de J. G. Posada: ejemplo de arte folk

“Gran calavera eléctrica” de J. G. Posada: ejemplo de arte folk

Es una verdadera fortuna que dos años después de “Tome of the Unknown”, Cartoon Network diera luz verde a Over the Garden Wall (Más Allá del Jardín), la continuación de las aventuras de Wirt, Greg y Beatrice a través de “Lo desconocido”, un bosque sin final en donde se conjugan calabazas vivientes y guajolotes obreros; una escuela de adorables animales á la Mark Twain y su cantarina profesora con acento del Sur; una congregación de ranas en trajes de época que tocan jazz y una Bestia sin nombre -entre muchos otros personajes memorables- cuya perversidad trastoca a los habitantes de la región empujándolos hacia el terror y la traición, dos de los temas clave de una serie de diez capítulos que funcionan como cortometrajes o, en conjunto, como un largometraje de aproximadamente dos horas.

Animales en trajecitos: sujetos de derecho

Animales en trajecitos: sujetos de derecho

Humor y drama poco convencionales

Dos horas sin desperdicio que podría dedicar el lector para aventurarse en una travesía  hermosa y fascinante que no teme entrecruzar la riqueza de unos escenarios cálidos y melancólicos, en la tradición pictórica de los cuentos de hadas ilustrados, con imágenes desoladoras y sombrías sacadas directamente de La Divina Comedia, como cuando el pequeño Greg echa raíces y poco a poco es devorado por la tierra, recordando al bosque de los suicidas imaginado por el poeta italiano. Sin embargo, la serie no se regodea en la tristeza y nos brinda ratos de buen humor inusitado y audaz, entre la ironía y la parodia, anclados a la literatura contemporánea de shows como Gravity Falls o las propias Un show más y Hora de aventura, pero sin caer jamás en la vulgaridad, la banalidad o el mal gusto.




En tanto Jake y Finn, por comparar, escupen diálogos como los animaniacs en un cansino viaje de ácido, el trío de aquí cobra vida gracias a su sentido común, y desde luego, al humilde y desinteresado trabajo de voz de Elijah Wood como el hermano mayor con aires de poeta: Wirt; Melanie Lynskey (la vecina loca de Two And a Half Men) como la irónica Beatrice, y un agradable conjunto de estrellas entre las que se encuentran Christopher Lloyd (el “Doc.” de Volver al Futuro) como un Leñador con una historia enternecedora y cruel y Tim Curry (quien brindó rostro a Eso, el payaso de Stephen King) como la terrorífica Auntie Whispers.

El paraíso según Más Allá del Jardín

El paraíso según Más Allá del Jardín

Más Allá del Jardín es una auténtica gozada, literariamente rica, diseñada a pulso y dirigida con el corazón que nos devuelve el gusto perdido a través de años de televisión idiota y absurda, presa de trazos deformes y humor imbécil: pocas obras en el mundo de la animación para televisión, en un par de horas, han conjugado con tanta maestría el drama, el humor, la música y los sueños.

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