El verano japonés es terriblemente caluroso. La isla se sofoca año con año, rogando porque pase pronto esta temporada donde las cigarras suelen hacer conciertos al atardecer, en los bosques achicharrados, junto a los lagos fulgurantes, en los plantíos de sandías, en los suburbios… O al menos así era antes del Segundo Impacto. Ahora el verano es todo el año, todo el día, a cada momento. Tokyo-3 se cuece lentamente bajo los rayos del sol de la canícula. Los polos derretidos no permiten pensar el clima de otra forma. Los areneros donde juegan los niños, las carreteras vacías, las estaciones del tren, los vagones, los salones, las pirámides invertidas, las torres retráctiles, las antenas, los rostros, los mechas, los robots, las personas, los dioses… Todos empapados en la luz roja del crepúsculo. Tal vez los últimos resquicios de frío quedan en la cima de la montaña, allí donde Shinji Ikari suele refugiarse, donde no se escucha más que el viento, que sopla fuerte la neblina contra su cara.

Antes de Evangelion, nadie daba un dólar por Hideaki Anno o por Gainax, su famélico estudio de animación que no había brindado al voraz mercado japonés más que algunos éxitos efímeros y frágiles, fácilmente olvidables. Desde hace mucho, he creído que las referencias bíblicas son un augurio de éxito prácticamente infalible: Las pinturas del Bosco, Ben Hur, o Suppers Ready, la lista es interminable. Atestado hasta las narices por imaginería cristiana, Anno ideó la que, probablemente, sea la serie de anime más emblemática de la historia: Neon Genesis Evangelion.




Evangelion es el lapso de juicio y creatividad del creador japonés que más tarde habría de participar en remakes de Godzilla y muchos proyectos más, nunca con el mismo éxito de la historia de Shinji Ikari, un adolescente que hace honor al término con creces. La saga de 26 capítulos fue tan importante para los nipones, que más tarde se hicieron 3 “rebuilds” y un 4o en fase de producción, bloques de larga duración en los que se resume la historia añadiendo nuevos giros y personajes (que ningún fin dramático aportan a la narrativa, pero eso se discutirá en otra ocasión)… Sin embargo, no todo fue siempre miel sobre hojuelas para el creador, que ante el descontento de los fanáticos con el inesperado final de la serie, tuvo que lidiar con ataques vandálicos a las oficinas de su estudio, cuadros y fotografías emblemáticas de las pintas en el edificio fueron incluidas para el final alternativo, The End of Evangelion, que resultó ser mejor recibido por los fanáticos.

Esta película es la demostración del gran bagaje cinematográfico que posee Anno, y que sin ninguna clase de mesura expuso, ante una audiencia atónita que se sumergió en el simbolismo de la obra, planos perfectamente medidos y una selección musical y sonora que al día de hoy, 21 años después, sigue resultando ejemplar. No es que en la serie estos elementos no estuvieran impresos, sino que muchas veces tenían que rebajarse en favor de la historia, pero están ahí, escondidos a plena vista en el canto de las cigarras, en las conversaciones en voz baja, en los sonidos alegóricos de los trenes que se transforman en inocuos, en silencios orquestados.

Hideaki Anno eligió de su propia mano música y sonidos para las escenas, donde prevalecen los gritos, la respiración, los gruñidos y el violento diseño de sonidos corporales que recuerdan a la sangre, a los huesos, al crujir de dientes… Sonidos metálicos y cristalazos, gatillos, impactos, latidos de corazón. Todo en perfecta sincronía con música clásica y una planificación maniática, detalle tras detalle de los golpes y las reacciones de todos los personajes implicados en la acción.

Los creadores incluso se dan la libertad de utilizar piezas de música sacra en tono sarcástico, para dramatizar escenas de introspección de los personajes, tal como en el capítulo 22, que destina Hallelujah para fondear una crisis nerviosa.

Otro momento emblemático del uso de la música clásica es en el episodio 24, donde la Oda a la Alegría de Beethoven funciona como preludio a una de las escenas más dramáticas en toda la serie:

Y finalmente, Komm Susser Todd, la épica pieza compuesta por el mismo Hideaki Anno, que la escribió, en un principio, en alemán para después traducirla al inglés y el japonés. La versión final que vio la luz en The End of Evangelion es esta obra maestra interpretada por la cantante de pop Arianne, con un coro excelso y arreglos orquestales que recuerdan a Hey Jude, una marcada influencia de The Beatles:

Neon Genesis Evangelion es una de las obras más importantes que ha dado la animación en todo el mundo, no solo en Japón, y sus referencias crípticas son tela de donde cortar para años y años por venir. El debate sobre la personalidad de los personajes, sobre el verdadero significado de su simbolismo, y de la impactante obra gráfica seguirán dando de qué hablar, y mientras tanto, Shinji Ikari, el joven de 14 años que protagoniza la obra -reflejo de los deseos y miedos infantiles de Anno- seguirá siendo un héroe para todos los corazones sangrantes que logren posar sus manos sobre la serie.

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