Ese día cerraron mi café favorito. En su pequeña barra soñé tantas veces con la idílica noche rodeándome, amenazando con sus puntas oscuras desde fuera del local. Yo era un dandy viendo su reflejo en el fondo de una taza, como en la pintura de Hopper. Las luces de neón detrás del barista me abrazaban con sus corazones fríos pero luminosos, me protegían de las inclemencias nocturnas… Y ahora ya no estaban.  Ese día vi un vídeo musical retorcido. Un pajarillo azul trinaba al viento, un ave de plastilina que con su canto anunciaba la mañana. Después, los lugareños de un territorio desconocido quemaban a un visitante dentro de un golem de madera, los pájaros aún con las voces sueltas al aire y trompetas frenéticas, chirriantes, atacaban la armonía de la orquesta. Ese día supe que algo iba mal. Mientras conducía, lancé mi cabeza hacia atrás contra el asiento y parecía dormir, los huesos de mi cuello se hicieron blandos y descansé por unos segundos. El aire seco y caliente rebotando contra el pavimento entró por mi nariz y volví a la vida, a la realidad aplastante y pesada del tráfico de medio día que me susurraba delicado al oído “Vas tarde”. Te vi bajar por una rampa, venías de un lugar que no tenía nada que ver con tu rutina. Tu cabello ardía, bolas de cabello por aquí y por allá, algunas canas tejían caminos plateados por tu cabeza. Ese día nos cambió la vida y no lo sabíamos. Alguien me preguntó por él…  y recordé la canción matinal, la de los pajarillos azules, que era de su banda favorita. Probablemente, ahora, él ni siquiera pueda distinguir entre los rostros de la gente que me cuestiona sobre su salud, las trompetas chirriantes y tu cabello. Alguna vez me dijo que eras sensual. Una estudiante extranjera recorre la escuela de la mano de un mexicano, probablemente sean pareja y ni tú ni yo lo podemos creer. Nos levantamos de la mesa y corremos incrédulos en línea perpendicular a ella, para observar la cara del azteca y  continuar nuestra burla. Algunas risas vienen detrás de nosotros en la carrera. El aire inunda mis pulmones y me siento bien, mi pecho se infla como un globo aerostático con el gas denso del ambiente primaveral y recuerdo que necesito hacer ejercicio. Seguimos corriendo y huimos. Quiero correr y no detenerme hasta que me explote el corazón, quiero huir de la oscuridad de afuera del café, del fuego, de tu rostro desmaquillado y diciéndome que crees estar embarazada.

 D. Wu

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