*

El sudor se adhiere a mi cuerpo; me sofoca; me hostiga y me asfixia. Debería extenderme y ponerme cómoda para que puedas pintarme en acuarela.

*

Usa una gota de carmín para mi boca; tan cerrada y abnegada. Dibuja el contorno de mis labios que se niegan a hablar porque se han cansado de pronunciar ilusiones falsas.

*

Agrega un poco de café para mis pupilas, un café amargo y no dulce. Dime qué color se usa para trazar el llanto, porque nunca lo llegué a descifrar: mis pupilas me impedían ver el color de la amargura.

*

Me expongo a los rayos de luz para que veas el color verdadero de mi piel. Mira mi espalda desnuda; tiene un color uniforme que se dispersa hasta mis manos. Pinta mis venas de verde pues en ellas todavía hay vida.

*

Precisa cada lunar y cicatriz con el pincel; recorre cada parte de mi cuerpo. Mírame bien y dibuja una constelación sobre mi piel; descubre el universo en cada poro y en cada vello.

*

Delinea la forma de mis oídos; estos oídos que se han quedado sordos después de haber escuchado tantas mentiras disfrazadas de sonidos agradables; prometedores.

*

Y mis pies, más tenues que el color canela, que carecen de arco: se han cansado de buscar y no encontrar entre andar y andar. Siguen persiguiendo algo que tal vez jamás podrán hallar.

*

Pinta mi barbilla, mi cuello, mis pechos, mis piernas, mi cintura, pero píntame en acuarela; difusa; confusa, porque solo así podrás retratarme.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: