En más de una ocasión he escuchado o leído una pregunta que ya parece copypasta sobre una de las franquicias más grandes del cine hollywoodense: ¿Otra de Rápido y Furioso?

El billion dollar baby de Universal va por su novena entrega; después de una octava parte que dejó un sabor agridulce hasta en el gusto de los fanáticos acérrimos de las aventuras de Dom Toretto y compañía. Con la muerte de su protagonista y los últimos descalabros en la trama, ya tenemos más contexto para preguntarnos “¿Necesitamos otra Rápido y Furioso?”

Lo mismo ocurre con sagas más cortas como Qué pasó ayer, que resultan ser éxitos inesperados y muy bien aprovechados por los productores, y así la lista puede seguir, con aventuras y desventuras taquilleras que desaparecen sin pena ni gloria de la mente del espectador hasta que por azarosas causas alguien decide continuar o hacer un reboot de bajo presupuesto.

Pero, ¿conoce de alguna saga que no haya perdido la gracia con los años? Tal vez podríamos citar a El Señor de los Anillos que se mantiene a flote con pocas críticas, que van más enfocadas a su pertinencia al respecto de los libros de Tolkien que a su producción masiva.

Además de su nueva adquisición (Star Wars), Disney posee los derechos de producción de Piratas del Caribe, una saga irregular que prevalece en las salas de una forma que me parece llamativa.

Es bien sabido por todos nosotros que Johnny Depp no se encuentra en la flor de su carrera actoral. Muchos incluso podrán vociferar que nunca fue un gran actor. El demás cast de esta serie de películas es fácilmente olvidable, tal vez a excepción de los bellos rostros de Orlando Bloom y Keira Knightley. La Venganza de Salazar es el más reciente título de esta historia de piratas que incluye a Javier Bardem en sus filas con un papel mediocre, cosa poco común en el actor.

La cinta continúa con la estructura básica de las historias de Piratas del Caribe y parece seguir una escaleta prevista por Disney para todas las entregas de la saga, a saber: hay persecuciones llenas de lodo en una colonia inglesa, una isla donde está por llevarse a cabo una ejecución, que lleva a Jack Sparrow al mar donde debe huir y al mismo tiempo alcanzar un destino para comerciar con su vida ante la presencia de un pirata más fiero y dotado de la espectacularidad sobrenatural sobre su espada o su barco.

El argumento de la cinta está de más para esta nota, por lo que invito encarecidamente a que el espectador se dirija a su cine más cercano para descifrarla a su antojo, pero lo que sí cabe resaltar de esta obra es su simpleza.

La película invita a abandonarse por completo mientras uno la disfruta. ¿Cuántas películas de hoy en día pueden preciarse de esa cualidad? Disney ha sabido mantenerse fiel a una película que carece de profundidad filosófica rebuscada que ha sido forzada, por ejemplo, en las películas de superhéroes.

En La Venganza de Salazar uno encuentra chistes vulgares, piratas bebiendo ron, quiebres emocionales totalmente socarrones y predecibles, un cameo innecesario de Paul McCartney y los ya famosos movimientos corporales de Johnny Depp. No vaya a ver esta película esperando una revelación cinematográfica, y probablemente con eso en mente, pueda echarse unas buenas risas y un rato agradable con una película de exageración infame e inverosímil, como de cine de mitad de siglo pasado, cuando las cosas eran más fáciles y no cuestionabamos lo que la fantasía y el entretenimiento nos ofrecían.

Al igual que con Rápido y Furioso, seguramente el alto estado artístico del cine no necesita otra entrega de Piratas del Caribe, pero seguramente la habrá (…), entonces ¿por qué no la disfrutamos ya que está disponible?

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